miércoles, 31 de julio de 2019

Ebola Memories - Back in 2014

Memorias del Ébola
On 6 August 2014, the Nigerian health minister told reporters, "Yesterday the first known Nigerian to die of Ebola was recorded. This was one of the nurses that attended to the Liberian. The other five newly confirmed cases are being treated at an isolation ward."The doctor who treated Sawyer, Ameyo Adadevoh, subsequently also died of Ebola.

On 22 September 2014, the Nigeria health ministry announced, "As of today, there is no case of Ebola in Nigeria. All listed contacts who were under surveillance have been followed up for 21days." According to the WHO, 20 cases and 8 deaths had been confirmed, along with the imported case, who also died. Four of the dead were healthcare workers who had cared for Sawyer. In all, 529 contacts had been followed and of that date they had all completed a 21-day mandatory period of surveillance. (Source: Wikipedia)

Lagos, Agosto de 2014

El coche se acercaba a la primera entrada del complejo y ya notaba que mi corazón iba acelerando el pulso como si empezara un ritual de vuelta a casa. Tras pasar la segunda entrada hacia mi bloque y llegar a la puerta del edificio D5 me faltó tiempo para brincar fuera del coche oficial y saludar a nuestro nuevo chófer que esperaba en la puerta.
Tras dos semanas de vacaciones en España, el periodo de ajuste al primer mundo no me había dado un respiro para dejar de pensar en nuestro hogar nigeriano y echarlo de menos. Muchas cosas habían pasado desde que me fui y las incesantes noticias en España sobre el Ébola auguraban un pánico y una preocupación que me hacía temer que nuestros días en Lagos estaban contados. Si las noticias desesperadas de España que oía eran ciertas necesitaba volver para despedirme y nada podía cambiar mi decisión, tenía que verlo por mí misma.
Mientras Taewo bajaba mi equipaje del maletero me había quedado delante del nuevo y pizpireta conductor que Julia había contratado después de irme. La situación era rara, ya que en cualquier otro momento le hubiera dado la mano para agradecerle la bienvenida. Sin embargo, ahora en Lagos ya no se daba la mano a la gente, así que me limité a saludar con un breve movimiento de cabeza y una tímida sonrisa, evitando así el contacto físico.
Mi cabeza estaba saturada de noticias alarmantes desde España. No sabía lo que me iba a encontrar y venir influida por el primer mundo, el pánico a lo desconocido y la ignorancia que ello conlleva no ayudaba en absoluto. 
La llave de la puerta dió el último giro al picaporte y al entrar la luz del amanecer me hizo apartar la mirada. Las vistas a la laguna lograron sacarme mi ensimismamiento temerario y sentir una alegría sin precedentes. Cuántas veces había visto el amanecer desde ese inmenso ventanal y cuánto lo había echado de menos. Pensar que cabía la posibilidad de que esos días terminaran me hacía disfrutar ese momento como si pudiera ser el último.  La ciudad me dedicaba uno de sus mejores amaneceres mientras los rayos de sol entraban por el salón para darme la bienvenida. Parecía una visión que me ayudaba a recordar que los últimos meses no habían sido un sueño. Había sido inmensamente feliz y la ciudad me lo mostraba de nuevo.
En esos primeros días mi cabeza daba vueltas con toda la información que llegaba, incluidas teorías conspiratorias. Pasados esos días llegó Julia con nuevas energías para restablecer nuestro tándem perfecto. Con la información de primera mano nos dimos cuenta de que sólo cuándo estas dentro de algo sabes realmente lo que está sucediendo. Es entonces cuando el pánico del primer mundo con el que habías venido te parece excesivo y producto de un miedo irracional al que no estábamos acostumbradas y queríamos abandonar cuanto antes.
Recibíamos comentarios de todo tipo, por preocupación, curiosidad o simple cotilleo. Intentábamos explicar que el riesgo todavía no era inminente, que estábamos bien y tranquilas por fin… pero algunas veces la gente sólo quería escuchar lo que quería escuchar.
Así que ahora dejábamos que en la distancia se nos tachara de valientes inmerecidamente o que pensaran que nos faltaba riego sanguíneo en el cerebro y que la locura nos había invadido. Dejar pensar eso a la gente era más divertido que explicar que hasta que no haya descontrol real no podíamos dejar que el miedo nos paralizara. Que éramos realistas, objetivas y racionales y que ante el menor riesgo volveríamos a casa. Pensar lo contrario de nosotras resultaría insultante.
Habíamos decidido disfrutar nuestros últimos meses con más ganas que nunca y más fuertes que nunca. Porque hay veces en la vida en la que hay que saber elegir tus batallas. Ésta, desde luego, no era la nuestra. No éramos valientes, sólo dejábamos que el pánico no dominara nuestras vidas. 
Teníamos la suerte de que nos recordaran que cualquier día podía ser el último, y cuando eso pasa, no hay que arrepentirse de haber vivido el ayer como si no hubiera un mañana. Fuera como fuere, no estaba en nuestras manos, nunca lo estuvo. Simplemente decidimos que si el fin del mundo llegaba éste nos pillara bailando...