Hoy Julia y yo tuvimos otra de
nuestras conversaciones trascendentales. Bueno, hoy más bien Julia escuchaba y
yo le hablaba en lo que pareció convertirse en un monólogo – lo siento African
Princess, ya sé que querías que hablara de música africana, pero ésta sale del
corazón =) y estoy segura que en esta ocasión me perdonarás. Sabes que aquí hay música
por todas partes, pero la música más importante es la que se lleva dentro y
tengo que decir que la tuya me encanta.
A pesar de que Julia y yo parecemos
sacadas del mismo molde aún hay algo que nos diferencia: el hogar. Yo aprendí a
alejarme de él, sin embargo Julia siempre lo tiene presente. Algunos dicen que
hogar es donde el corazón habita, así que yo prefiero llevármelo siempre a
todas partes…
El otro día en la playa nuestro
amigo Fabio, un fan incondicional de la pesca, me habló sobre su gran pasión y
me decía que cuándo me invitara un día a pescar no dejaría de pedirle que me
volviera a llevar. Fue entonces cuando me acordé de ti…
Recordé como aun siendo niña Papá
Noel te dejó esa enorme caña naranja en el balcón del hotel. No sé cómo puedo
recordarlo todavía… quizá porque mi cabecita no podía imaginar para qué curiosa
actividad necesitarías tal artilugio y cómo semejante personaje la había subido
hasta allí. Me acordé de cuándo te acompañaba a pescar con mi muñeca y jugaba a
tu lado mientras tú te tirabas horas y horas en silencio hasta que lograbas que
alguno mordiera el anzuelo. Recordé cuando te empeñaste aquel día en que la
mamá te cocinara esos pescaditos que tanto esfuerzo te habían costado… y
recordé cómo desde pequeños dejamos de esperar a que pasara la tormenta y
aprendimos a bailar bajo la lluvia.
¿Sabes? Nigeria te apasionaría. En
todos lados hay edificios que necesitarían tu ayuda. Y cada vez que miro los
materiales de construcción me acuerdo de ti y de tu poster de mármoles en la
habitación. Siempre pensé que era injusto que el papá te enseñara a dibujar
pirámides mientras que yo no conseguía ni una simple línea recta. Pero después
de ver pirámides por todas las paredes del chalet acabé entendiendo que ese
mundo era más tuyo que mío.
Nos enseñaron que una casa con
buenos cimientos lo aguanta casi todo y así has construido tu vida… ladrillo a
ladrillo. Yo, por el contrario, siempre fui más de tejados y de quedarme subida
allí arriba un buen rato sólo para observarlo todo. Aunque siempre he sabido
que te tenía ahí para apoyarme cuando me cayera.
Tú siempre has sido mi gran barrera
de coral, me protegías de las olas aunque yo quisiera salir a por ellas, pero también me enseñaste que sin riesgo no había gloria... y aquí estoy.
Hoy, con 33 años a tus espaldas quiero que sepas que aunque nunca te lo diga estoy muy orgullosa de ti y estoy segura de que mis sobrinas pensarán lo mismo de su papá dentro de unos años. Así que con tu permiso, aunque con retraso, este es mi regalo de cumpleaños: ¡Felicidades hermanito!
Hoy, con 33 años a tus espaldas quiero que sepas que aunque nunca te lo diga estoy muy orgullosa de ti y estoy segura de que mis sobrinas pensarán lo mismo de su papá dentro de unos años. Así que con tu permiso, aunque con retraso, este es mi regalo de cumpleaños: ¡Felicidades hermanito!

No hay comentarios:
Publicar un comentario